#ImaginaLargoBlas
*PARTE 1*
Abriste los ojos, miraste el reloj, la una de la tarde. Era el último día de vacaciones de semana santa del año, no volverías a levantarte a esa hora hasta el verano. Fuiste al baño y te lavaste la cara. Cogiste el móvil, no te podías creer la cantidad de whats app que tenías, pero sólo te fijaste en uno. El de él.
"Nos vemos esta tarde, te echo de menos pequeña"
Instantáneamente sonreiste, y recordaste la tarde anterior...
Habías salido de casa por la llamada de tu amiga. No sabías cómo, pero había conseguido invitación para una fiesta de famosos. Y la muy cabrita en vez de avisarte con tiempo, 1 hora antes de la fiesta, te había llamado informandote.
Estrenaste el vestido que siempre habías querido estrenar, te planchaste el pelo, te pusiste aquellos taconazos que tanto te gustaban, te maquillaste lo justo, cogiste un bolso con lo imprescindible y saliste de casa.
Llegaste a un parque cercano y allí esperaste a tu amiga. A los pocos minutos llegó un coche que te era conocido, subiste a él.
— Te mato, ¿cómo has conseguido la invitación?
— Un mago nunca revela su truco.
Le mandaste una mirada furtiva que acabó en carcajada, a la vez que añadías:
— Por esta vez te lo dejo pasar, pero si consigues colarnos en otra fiesta, necesito saber cómo lo haces.
— ¿Por qué piensas que habrá otra vez?
— Porque sé que para ti una no es suficiente.
Ambas reisteis y justo en ese momento llegasteis a una parcela preciosa. Os despedisteis del conductor y bajasteis del coche. Llegasteis a la entrada, tu amiga enseñó la invitación y entrasteis. Allí había cantidad de gente conocida, estabas nerviosísima y tu amiga lo notó.
— Tranquila, los famosos también son gente normal.
Soltaste una risa inquieta, las manos temblaban, sabías que era prácticamente imposible que él estuviera en esa fiesta, pero, oye, ¿quién sabe?
En ese momento, alguien te tocó el hombro.
— ¿Estás bien? Estás temblando. ¿Tienes frío?
Esa voz. En ese momento notabas como el corazón se te salía del pecho. Tenías un nudo en la garganta. Te costaba respirar. Pero hiciste lo imposible y conseguiste darte la vuelta, y mirarle a los ojos. Esos ojos.
— N-no-o. Tranquilo, estoy bien.
— Yo no diría eso, estás temblando.
Blas te puso ambas manos en tus hombros, sus manos frías sobre tu cálida piel.
— Estás ardiendo, y eso que hasta ayer estaba lloviendo. ¿Seguro que no te pasa nada? Estás muy roja. ¿Quieres agua?
No podías creer lo que te estaba pasando, Blas, ese cantante que con sólo una nota de su voz conseguía ponerte la piel de gallina, que cada mirada que dedicaba atravesaba tu corazón, el chico del que te habías acabado enamorado. Estaba ahí, preocupándose de si estabas bien.
— No tranquilo. Es la calefacción, voy un momento al baño y ahora vuelvo como nueva.
Él te sonrió y tú fuiste al baño como pudiste, temblando a ratos.
Una vez allí, te miraste al espejo. Vale, todo estaba bien, menos una cosa: seguías roja. Resoplaste e intentaste tranquilizarte. Estuviste un buen rato allí, intentando volver a tu color original. Hasta que alguien llamó a la puerta.
— Sólo estoy usando el espejo. Puedes pasar. — Dijiste.
— ¿Yo también? — Dijo Blas mientras abría la puerta y entraba. — Me estaba preocupando. ¿Cuánto es en tu idioma "un momento"? Llevas casi 20 minutos aquí.
El nudo de tu garganta se hacía mayor, pero sabías que si no te sincerabas, explotabas.
— Te voy a ser sincera. Tenía la corazonada de que ibas a estar aquí. Y desde la primera vez que escuché tu voz, desde ese momento en el que me perdí en tu mirada, me enamoré de ti. En el fondo quería que no hubieras venido por si pasaba esto: quedarme sola hablando contigo, tenía miedo de no ser nada para ti. De que me rechazaras. De que me vieras como una estúpida.
Blas no te dejó continuar, cogió tu mano, y te llevó hasta una terraza de la casa. Allí, bajo la luna empezó a hablar.
— Cuando antes, en el salón, te he visto temblando, me había preocupado por si te pasaba algo. Desde que he estado hablando contigo hasta este momento me he sentido sobreprotector contigo, siento que puedo perderte en cualquier momento, no quiero separarme de ti. Siento que si te vas de mi lado puedes olvidarte de mí.
No esperaste a que añadiera nada más, le abrazaste, él respondió abrazandote más fuerte.
— Te quiero, ¿vale? — Le susurraste al oído mientras dos lágrimas caían por tus mejillas.
— Te amo, ¿entendido? — Te contestó mientras te quitaba las lágrimas de la cara y te besaba dulcemente. — ¿Sabes una cosa?
Tú negaste con la cabeza.
— No me apetece estar en esta fiesta de aburridos. Ven conmigo.
Te cogió otra vez de la mano, pasasteis por delante del todo el salón riendo. Él cogió un helado para cada uno, y te llevó hasta el jardín de la parcela.
— Así, mucho mejor, ¿no crees?
— No pretenderás que me siente en el suelo.
— No, claro que no.
Se sentó él. Y te hizo señales para que te sentaras encima suya. Tú, después de soltar una carcajada, te sentaste.
— ¿No te molesto?
— Claro que no, chiqui. — Y te dio un beso en la frente. Después cogió los helados. — Juguemos a algo. Tenemos que cerrar los ojos e intentar darnos de comer. El que menos manche al otro, gana.
— Más te vale, apuntar bien, ¿eh? Jaja, vale, empiezo. A ver...
Cerrarste los ojos e intentaste darle de comer. Sin querer le manchaste toda la cara, pero él lo único que hacia era reír. Después tocó su turno, te dio de comer como a una princesa, te manchó lo mínimo.
— Soy una torpe de cuidado, te he manchado toda la cara. Lo siento.
— No pasa nada pequeña.
En ese momento te sonó el teléfono. Tu amiga, teníais que iros, se había hecho tarde.
— Joder Blas, lo siento. Me tengo que ir.
— No pasa nada, dame tu móvil y quedamos mañana.
Y así, os despedisteis con un beso, sabiendo que al día siguiente, una simple llamada no os iba a separar.
*FIN DE LA PARTE 1*
*PARTE 1*
Abriste los ojos, miraste el reloj, la una de la tarde. Era el último día de vacaciones de semana santa del año, no volverías a levantarte a esa hora hasta el verano. Fuiste al baño y te lavaste la cara. Cogiste el móvil, no te podías creer la cantidad de whats app que tenías, pero sólo te fijaste en uno. El de él.
"Nos vemos esta tarde, te echo de menos pequeña"
Instantáneamente sonreiste, y recordaste la tarde anterior...
Habías salido de casa por la llamada de tu amiga. No sabías cómo, pero había conseguido invitación para una fiesta de famosos. Y la muy cabrita en vez de avisarte con tiempo, 1 hora antes de la fiesta, te había llamado informandote.
Estrenaste el vestido que siempre habías querido estrenar, te planchaste el pelo, te pusiste aquellos taconazos que tanto te gustaban, te maquillaste lo justo, cogiste un bolso con lo imprescindible y saliste de casa.
Llegaste a un parque cercano y allí esperaste a tu amiga. A los pocos minutos llegó un coche que te era conocido, subiste a él.
— Te mato, ¿cómo has conseguido la invitación?
— Un mago nunca revela su truco.
Le mandaste una mirada furtiva que acabó en carcajada, a la vez que añadías:
— Por esta vez te lo dejo pasar, pero si consigues colarnos en otra fiesta, necesito saber cómo lo haces.
— ¿Por qué piensas que habrá otra vez?
— Porque sé que para ti una no es suficiente.
Ambas reisteis y justo en ese momento llegasteis a una parcela preciosa. Os despedisteis del conductor y bajasteis del coche. Llegasteis a la entrada, tu amiga enseñó la invitación y entrasteis. Allí había cantidad de gente conocida, estabas nerviosísima y tu amiga lo notó.
— Tranquila, los famosos también son gente normal.
Soltaste una risa inquieta, las manos temblaban, sabías que era prácticamente imposible que él estuviera en esa fiesta, pero, oye, ¿quién sabe?
En ese momento, alguien te tocó el hombro.
— ¿Estás bien? Estás temblando. ¿Tienes frío?
Esa voz. En ese momento notabas como el corazón se te salía del pecho. Tenías un nudo en la garganta. Te costaba respirar. Pero hiciste lo imposible y conseguiste darte la vuelta, y mirarle a los ojos. Esos ojos.
— N-no-o. Tranquilo, estoy bien.
— Yo no diría eso, estás temblando.
Blas te puso ambas manos en tus hombros, sus manos frías sobre tu cálida piel.
— Estás ardiendo, y eso que hasta ayer estaba lloviendo. ¿Seguro que no te pasa nada? Estás muy roja. ¿Quieres agua?
No podías creer lo que te estaba pasando, Blas, ese cantante que con sólo una nota de su voz conseguía ponerte la piel de gallina, que cada mirada que dedicaba atravesaba tu corazón, el chico del que te habías acabado enamorado. Estaba ahí, preocupándose de si estabas bien.
— No tranquilo. Es la calefacción, voy un momento al baño y ahora vuelvo como nueva.
Él te sonrió y tú fuiste al baño como pudiste, temblando a ratos.
Una vez allí, te miraste al espejo. Vale, todo estaba bien, menos una cosa: seguías roja. Resoplaste e intentaste tranquilizarte. Estuviste un buen rato allí, intentando volver a tu color original. Hasta que alguien llamó a la puerta.
— Sólo estoy usando el espejo. Puedes pasar. — Dijiste.
— ¿Yo también? — Dijo Blas mientras abría la puerta y entraba. — Me estaba preocupando. ¿Cuánto es en tu idioma "un momento"? Llevas casi 20 minutos aquí.
El nudo de tu garganta se hacía mayor, pero sabías que si no te sincerabas, explotabas.
— Te voy a ser sincera. Tenía la corazonada de que ibas a estar aquí. Y desde la primera vez que escuché tu voz, desde ese momento en el que me perdí en tu mirada, me enamoré de ti. En el fondo quería que no hubieras venido por si pasaba esto: quedarme sola hablando contigo, tenía miedo de no ser nada para ti. De que me rechazaras. De que me vieras como una estúpida.
Blas no te dejó continuar, cogió tu mano, y te llevó hasta una terraza de la casa. Allí, bajo la luna empezó a hablar.
— Cuando antes, en el salón, te he visto temblando, me había preocupado por si te pasaba algo. Desde que he estado hablando contigo hasta este momento me he sentido sobreprotector contigo, siento que puedo perderte en cualquier momento, no quiero separarme de ti. Siento que si te vas de mi lado puedes olvidarte de mí.
No esperaste a que añadiera nada más, le abrazaste, él respondió abrazandote más fuerte.
— Te quiero, ¿vale? — Le susurraste al oído mientras dos lágrimas caían por tus mejillas.
— Te amo, ¿entendido? — Te contestó mientras te quitaba las lágrimas de la cara y te besaba dulcemente. — ¿Sabes una cosa?
Tú negaste con la cabeza.
— No me apetece estar en esta fiesta de aburridos. Ven conmigo.
Te cogió otra vez de la mano, pasasteis por delante del todo el salón riendo. Él cogió un helado para cada uno, y te llevó hasta el jardín de la parcela.
— Así, mucho mejor, ¿no crees?
— No pretenderás que me siente en el suelo.
— No, claro que no.
Se sentó él. Y te hizo señales para que te sentaras encima suya. Tú, después de soltar una carcajada, te sentaste.
— ¿No te molesto?
— Claro que no, chiqui. — Y te dio un beso en la frente. Después cogió los helados. — Juguemos a algo. Tenemos que cerrar los ojos e intentar darnos de comer. El que menos manche al otro, gana.
— Más te vale, apuntar bien, ¿eh? Jaja, vale, empiezo. A ver...
Cerrarste los ojos e intentaste darle de comer. Sin querer le manchaste toda la cara, pero él lo único que hacia era reír. Después tocó su turno, te dio de comer como a una princesa, te manchó lo mínimo.
— Soy una torpe de cuidado, te he manchado toda la cara. Lo siento.
— No pasa nada pequeña.
En ese momento te sonó el teléfono. Tu amiga, teníais que iros, se había hecho tarde.
— Joder Blas, lo siento. Me tengo que ir.
— No pasa nada, dame tu móvil y quedamos mañana.
Y así, os despedisteis con un beso, sabiendo que al día siguiente, una simple llamada no os iba a separar.
*FIN DE LA PARTE 1*
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