#ImaginaLargoBlas Parte 2

#ImaginaLargoBlas

*Parte 2* 
    Joder Blas, lo siento. Me tengo que ir.
    No pasa nada, dame tu móvil y quedamos mañana.

Y así, os despedisteis con un beso, sabiendo que al día siguiente, una simple llamada no os iba a separar.
Llegaste al coche y viste a tu amiga, como habías pasado toda la noche separada de ella, te había preguntado dónde habías estado. Tú decidiste no contarle nada hasta el día siguiente, no querías que tu amiga se pusiera a decir comentarios tontos y  estropeara tu noche.

    Venga, va, ¿dónde has estado? Te he buscado toda la noche — Insistió ella.
    Que no te lo voy a decir, como tú con lo de la invitación. Se siente.

Ella dejó de insistir, y tú te pusiste a mirar por la ventana. Llegaste a casa, te quitaste todo y te pusiste a dormir...
Otro whats app te devolvió a la realidad. Era de Blas.

“¿A qué hora te voy a buscar? ¿Salimos a comer? ¡Quiero verte!”

<<¿A comer? Si son las dos menos cuarto y todavía ni me he duchado ni nada. Madre míaaaa>> Pensaste.

    ¿A qué hora vienes? — Le dijiste.
    Cuanto antes mejor, ¿no? ¿Te viene bien en 20 minutos?
    Sí, claro. En 15 minutos supongo que estaré lista.
    Perfecto, voy saliendo de casa, nos vemos ahora.
    Hasta ahora.

Dejaste el móvil y, corriendo, cogiste la ropa y empezaste a ducharte. No tenías mucho tiempo, así que no podías perder ni un segundo. Fue la ducha más rápido que nunca te habías duchado. No te dio tiempo a peinarte de una forma especial, únicamente te lo secarte un poco para quitar el frío. Y el maquillaje, bueno, el maquillaje era otra cosa. Justo cuando te estabas empezando a pintar, llamaron a la puerta. Tenías dos opciones, o recibías a Blas sin pintarte y te veía “feilla” o tardabas más, salías guapa, pero serías una impuntual.
En menos de un segundo te decantaste por la primera opción y fuiste a abrirle la puerta. Él iba extremadamente guapo, y sus ojos azules brillaban a la luz del Sol.

    Hola, no me ha dado tiempo a terminar de arreglarme, si me das dos minutillos salgo más guapa que nunca. — Dijiste volviendo a entrar en casa.

Blas te cogió el brazo, parándote.

    A mí me parece que al natural estás más guapa que nunca.
    No me mientas.
    No lo hago. — Y tiró de tu brazo, haciéndote dar media vuelta, os quedasteis a escasos milímetros el uno del otro y Blas acabó besándote. — ¿Ves? Un beso más natural. — Te dijo mientras te guiñaba un ojo.
    Vale, voy a coger mis cosas y ahora salgo. ¿A dónde me llevas a comer?
    Al mejor sitio donde podrías comer: Mi casa.
    ¿Va a cocinar tu madre?
    No lista, yo sé cocinar.
    Entonces, sorpréndeme.
    Y tanto que lo voy a hacer.

Cogió tu mano, y fuisteis dirección a su casa. El sol brillaba, los pajarillos trinaban, los niños jugaban y Blas y tú paseabais como dos novios.

    Hace un día espléndido.   Le dijiste.
    Y todo porque estás a mi lado. Gracias por aceptar y no tenerle miedo a mi cocina.

Tú reíste y él se quedó mirando embobado tu risa.

    ¿Sabes cuál es el sueño de toda mujer?
    ¿Tener un vestidor?
    JAJAJAJA. Aparte.
    Ni idea.
    Un novio que sepa cocinar. Así que, no tengo miedo a lo que puedas hacer, se supone que ya habrás cocinado más veces. ¿O es verdad esto de que voy a cogerte miedo?
    No, no, sé cocinar. Si vivo solo, no me voy a dedicar a pedir todos los días comida para llevar. Aparte a la larga sale caro.

Seguisteis caminando entre risas hasta llegar a casa de Blas. Al llegar él te abrió la puerta y enseñó por encima la casa.

    ¿Si te pido un favor...?
    Dime jaja.
    Sé cocinar, pero no sé usar el horno, quería hacerte un pastel, pero...

A ti te entró la risa y él se puso rojo.

    Vale, tranquilo, yo te ayudo. Ningún problema.
    Gracias. Bueno, la comida ya está.
    Perfecto   Y con una sonrisa, os sentasteis en la mesa.

Comisteis mientras hablabais de vuestras vidas, y contabais anécdotas y recordabais el pasado. Cuando terminasteis de comer, entre los dos recogisteis la mesa y fregasteis los platos. Eso sí, no faltó la broma de mojaros entre vosotros.

    Bueno, pues ahora que estamos ya puestos manos a la obra, ¿hacemos el pastel?   Te propuso Blas.
    ¡¡Claro!!

Cogisteis los ingredientes necesarios e hicisteis la masa. Después lo metisteis en el horno, y para tu sorpresa descubriste que Blas sí que sabía usar el horno.

    ¡Serás mentiroso!
    ¿Yo?   Dijo él inocente. Después, se dio cuenta de su error. Era una buena excusa para que cocinaras conmigo.
    Pues es que no me gustan los mentirosos. Y ahora me siento con ganas de vengarme.
    ¿Vengarte? ¿Cómo?   Dijo asustado.
    Así.

Cogiste la harina y le pringaste a Blas toda la cara. Él se te quedó mirando extrañado, mientras tú reías.

    Esto no va a quedar aquí.   Te dijo.

Tú saliste corriendo y él fue detrás tuya. Acabaste en el salón, y casi te caes en el sofá.

    Oh, no.  Dijiste.
    Oh, sí.  Dijo Blas. Y te tiró al sofá. Allí empezó a hacerte cosquillas.
    ¡¡Para, para, para por favor!!  Dijiste mientras reías.

Él paró y se quedó mirándote, tú le miraste. Y lentamente os besasteis. Os quedasteis apoyados uno en la frente del otro, vuestros labios estaban a milímetros, y Blas en un susurro dijo:

    ¿Querrías ser mi novia?


FIN DEL IMAGINA. 

#ImaginaLargoBlas Parte 1


#ImaginaLargoBlas 

*PARTE 1*

Abriste los ojos, miraste el reloj, la una de la tarde. Era el último día de vacaciones de semana santa del año, no volverías a levantarte a esa hora hasta el verano. Fuiste al baño y te lavaste la cara. Cogiste el móvil, no te podías creer la cantidad de whats app que tenías, pero sólo te fijaste en uno. El de él. 
"Nos vemos esta tarde, te echo de menos pequeña" 
Instantáneamente sonreiste, y recordaste la tarde anterior...
Habías salido de casa por la llamada de tu amiga. No sabías cómo, pero había conseguido invitación para una fiesta de famosos. Y la muy cabrita en vez de avisarte con tiempo, 1 hora antes de la fiesta, te había llamado informandote. 
Estrenaste el vestido que siempre habías querido estrenar, te planchaste el pelo, te pusiste aquellos taconazos que tanto te gustaban, te maquillaste lo justo, cogiste un bolso con lo imprescindible y saliste de casa. 
Llegaste a un parque cercano y allí esperaste a tu amiga. A los pocos minutos llegó un coche que te era conocido, subiste a él. 

— Te mato, ¿cómo has conseguido la invitación?
— Un mago nunca revela su truco. 

Le mandaste una mirada furtiva que acabó en carcajada, a la vez que añadías:

— Por esta vez te lo dejo pasar, pero si consigues colarnos en otra fiesta, necesito saber cómo lo haces. 
— ¿Por qué piensas que habrá otra vez? 
— Porque sé que para ti una no es suficiente. 

Ambas reisteis y justo en ese momento llegasteis a una parcela preciosa. Os despedisteis del conductor y bajasteis del coche. Llegasteis a la entrada, tu amiga enseñó la invitación y entrasteis. Allí había cantidad de gente conocida, estabas nerviosísima y tu amiga lo notó. 

— Tranquila, los famosos también son gente normal. 

Soltaste una risa inquieta, las manos temblaban, sabías que era prácticamente imposible que él estuviera en esa fiesta, pero, oye, ¿quién sabe? 
En ese momento, alguien te tocó el hombro. 

— ¿Estás bien? Estás temblando. ¿Tienes frío? 

Esa voz. En ese momento notabas como el corazón se te salía del pecho. Tenías un nudo en la garganta. Te costaba respirar. Pero hiciste lo imposible y conseguiste darte la vuelta, y mirarle a los ojos. Esos ojos.

— N-no-o. Tranquilo, estoy bien. 
— Yo no diría eso, estás temblando. 

Blas te puso ambas manos en tus hombros, sus manos frías sobre tu cálida piel.

— Estás ardiendo, y eso que hasta ayer estaba lloviendo. ¿Seguro que no te pasa nada? Estás muy roja. ¿Quieres agua? 

No podías creer lo que te estaba pasando, Blas, ese cantante que con sólo una nota de su voz conseguía ponerte la piel de gallina, que cada mirada que dedicaba atravesaba tu corazón, el chico del que te habías acabado enamorado. Estaba ahí, preocupándose de si estabas bien. 

— No tranquilo. Es la calefacción, voy un momento al baño y ahora vuelvo como nueva. 

Él te sonrió y tú fuiste al baño como pudiste, temblando a ratos. 
Una vez allí, te miraste al espejo. Vale, todo estaba bien, menos una cosa: seguías roja. Resoplaste e intentaste tranquilizarte. Estuviste un buen rato allí, intentando volver a tu color original. Hasta que alguien llamó a la puerta. 

— Sólo estoy usando el espejo. Puedes pasar. — Dijiste. 
— ¿Yo también? — Dijo Blas mientras abría la puerta y entraba. — Me estaba preocupando. ¿Cuánto es en tu idioma "un momento"? Llevas casi 20 minutos aquí. 

El nudo de tu garganta se hacía mayor, pero sabías que si no te sincerabas, explotabas.

— Te voy a ser sincera. Tenía la corazonada de que ibas a estar aquí. Y desde la primera vez que escuché tu voz, desde ese momento en el que me perdí en tu mirada, me enamoré de ti. En el fondo quería que no hubieras venido por si pasaba esto: quedarme sola hablando contigo, tenía miedo de no ser nada para ti. De que me rechazaras. De que me vieras como una estúpida. 

Blas no te dejó continuar, cogió tu mano, y te llevó hasta una terraza de la casa. Allí, bajo la luna empezó a hablar. 

— Cuando antes, en el salón, te he visto temblando, me había preocupado por si te pasaba algo. Desde que he estado hablando contigo hasta este momento me he sentido sobreprotector contigo, siento que puedo perderte en cualquier momento, no quiero separarme de ti. Siento que si te vas de mi lado puedes olvidarte de mí. 

No esperaste a que añadiera nada más, le abrazaste, él respondió abrazandote más fuerte. 

— Te quiero, ¿vale? — Le susurraste al oído mientras dos lágrimas caían por tus mejillas. 
— Te amo, ¿entendido? — Te contestó mientras te quitaba las lágrimas de la cara y te besaba dulcemente. — ¿Sabes una cosa?

Tú negaste con la cabeza. 

— No me apetece estar en esta fiesta de aburridos. Ven conmigo. 

Te cogió otra vez de la mano, pasasteis por delante del todo el salón riendo. Él cogió un helado para cada uno, y te llevó hasta el jardín de la parcela. 

— Así, mucho mejor, ¿no crees? 
— No pretenderás que me siente en el suelo. 
— No, claro que no. 

Se sentó él. Y te hizo señales para que te sentaras encima suya. Tú, después de soltar una carcajada, te sentaste. 

— ¿No te molesto?
— Claro que no, chiqui. — Y te dio un beso en la frente. Después cogió los helados. — Juguemos a algo. Tenemos que cerrar los ojos e intentar darnos de comer. El que menos manche al otro, gana. 
— Más te vale, apuntar bien, ¿eh? Jaja, vale, empiezo. A ver... 

Cerrarste los ojos e intentaste darle de comer. Sin querer le manchaste toda la cara, pero él lo único que hacia era reír. Después tocó su turno, te dio de comer como a una princesa, te manchó lo mínimo. 

— Soy una torpe de cuidado, te he manchado toda la cara. Lo siento. 
— No pasa nada pequeña. 

En ese momento te sonó el teléfono. Tu amiga, teníais que iros, se había hecho tarde.

— Joder Blas, lo siento. Me tengo que ir. 
— No pasa nada, dame tu móvil y quedamos mañana. 

Y así, os despedisteis con un beso, sabiendo que al día siguiente, una simple llamada no os iba a separar. 

*FIN DE LA PARTE 1* 

#ImaginaLargoCarlos PARTE 2

#ImaginaLargoCarlos

*Parte 2* 



— Mi regalo no se queda aquí. Vamos a entrar — Dijo Carlos. 
— ¡Loco está cerrado! — Le contestaste.
 
— Pues nos colamos. 
 
 
Tu cara era un cuadro, y Carlos, entre risas cogió tu mano y te llevó a la parte de detrás del edificio, decidido a que os colarais allí. 
 
 
— Carlos, que hay cámaras. 
 
— Fíate de mí, por favor. 
 
 
Te dedicó una media sonrisa, no pudiste evitar caer a esa sonrisa, y como una tonta le seguiste. 
 
Carlos te llevó a una puerta que estaba un poco oxidada, le dio una patada y la puerta se abrió. Él entró primero, diciéndote que le esperaras fuera. A los pocos minutos salió, te tendió la mano, se la cogiste y entrasteis juntos. 
 
Eso estaba súper oscuro pero al lado de Carlos te sentías segura. Él te llevó por los inchables entre risas y llegasteis hasta unas escaleras, como no se veía muy bien, Carlos sacó el móvil y lo iluminó. 
 
 
— ¿Te había dicho que esta noche estás extremadamente más guapa de lo normal?
 
 
Tú no contestaste, agachaste la cabeza y te pusiste roja. Él se rió, volvió a coger tu mano y avanzó por las escaleras. Te llevó hasta un tobogán donde, en frente, había un enorme ventanal por el que se veía el descampado donde habíais celebrado tu cumpleaños y el interior del edificio se iluminaba por la luz de la luna. Allí Carlos se sentó y te invitó a que te tumbaras encima suya. Aceptaste, y te tumbaste, apoyando tu cabeza en su pecho. Oías sus latinos, notabas su respiración, olías su colonia. Tus deseos de besarle cada vez se hacían más inaguantables. Entonces, lentamente, levantaste la cabeza y te encontraste a Carlos mirándote a los ojos. Te incorporaste. 
 
 
— Carlos, tengo que decirte algo, sé que puedo parecerte tonta...
 
— Nunca — Te interrumpió.
 
— Déjame acabar. — Proseguiste. — A ver, desde pequeños hemos sido muy amigos, siempre has sido el chico que me sacaba una sonrisa fuera cual fuera mi problema, siempre he podido contar contigo para todo. Pero ha llegado un momento en el que no sólo te veo como un amigo. Hemos crecido, la amistad entre nosotros es más fuerte, pero también mis deseos de tener contigo algo más que amistad. Ya no sólo eres el único que me saca una sonrisa, sino que además, tienes la sonrisa más bonita de todas, que tus ojos son lo más bonito que haya podido encontrar, y que... Te quiero. 
 
 
Carlos no te contestó, simplemente te besó. 
 
 
— No eres tonta, tonto yo que llevo enamorado de ti años, y el miedo al rechazo me hizo ver que tu mirabas a otros chicos. Que nunca sería lo suficiente para mí.
 
— Mira, Carlos, si hay algo que haya aprendido por mi sola es a no infravalorarme porque puede que yo piense que no soy suficiente para algo, pero siempre habrá alguien al que le parecerás bueno. Y mientras que una ventana se cierra, muchas ventanas se abren. 
 
— Unas palabras tan sabias sólo podrían salir de unos labios tan perfectos, siento no habértelo dicho antes.   
 
— No te lamentes, porque ahora estamos juntos, ahora nada nos va a separar. 
 
— Gracias por aparecer en mi vida.
—Gracias por existir Carlos. 
Y otra vez os besasteis, y esta vez un pensamiento rondaba en tu mente, a la vez que tu corazón latía a mil por hora:
"Los deseos se cumplen, da igual cómo los formules o a quién se lo pidas, sólo tienes que saber que eres capaz de ello"
FIN DEL IMAGINA 

#ImaginaLargoCarlos PARTE 1


#ImaginaLargoCarlos
 
*Parte 1*
Era tu cumpleaños, este año no tenías ni idea de lo que podrían haberte preparado tus amigos para celebrarlo. En él, Carlos también había participado. No podías evitarlo, una sonrisa tonta te salía cuando pensabas en él. Desde siempre habías tenido debilidad por ese chico rubio que no paraba de hacer tonterías.
Había formado parte de tu grupo de amigos, y sabías que él te veía como eso: una amiga. Te dolía, porque soñabas con algún día cogerle de la mano, pasear juntos, por darle, aunque fuera, un beso.
Pero no, ese día no, tu cumpleaños no era para rallarte, tenías que disfrutar. 
En ese momento llamaron al timbre, como cada año. LA llamada. Una vez que se hacía, al cumpleañero se le vendaban los ojos y se le llevaba a donde se celebraba el cumpleaños.
Abriste la puerta y te encontraste con Carlos. Él llevaba un pañuelo en las manos. 
 
— ¡¡Feliz cumple!! — Te dijo mientras te abrazaba. 
— Gracias — Dijiste intentando no ponerte roja. 
 
Él empezó a ponerte el pañuelo en los ojos, no es que fueras desconfiada, pero seguías sin acostumbrarte a que te taparan los ojos. Carlos te cogió de la mano y empezasteis a caminar. Pero tú te paraste. 
 
— ¿Qué pasa? — Dijo Carlos.
— Sé que es una tontería, pero es que tengo miedo a caerme.
— No te vas a caer, tranquila. — Entonces Carlos se acercó a ti y te cogió por la cadera dándote más seguridad al andar. — ¿Mejor?
— Si, mucho. — Dijiste roja. 
 
 Caminasteis durante unos pocos minutos hasta que Carlos se paró y tú con él. Se separó de ti y te quitó el pañuelo de los ojos. Cuando los abriste estabais en un descampado precioso y allí estaban también todos tus amigos. Éstos te recibieron con un abrazo y un "Felicidades" cada uno, y cuando ya os habíais saludado todos, empezó la fiesta. 
 
Música, bailes, comida... Uno de los mejores cumpleaños de tu vida, gracias a Carlos. Había estado toda la noche contigo y no se separaba ni un momento de tu lado, siempre bromeando y haciendo lo posible para que rieras. 
Llegó el momento de la tarta, tus amigos empezaron a cantarte el cumpleaños feliz. Estabas a punto de soplar las velas pero una amiga dijo:
 
— ¡¡El deseo, el deseo, que no se te olvide!! 
 
Tú le sonreiste, pensaste el deseo y mientras ese pensamiento estaba en tu mente, soplaste las velas. 
 
"Quiero estar, aunque sea un momento, a solas con Carlos, quiero tener valor para decirle lo que siento" 
 
Sabías que era un poco tontería y ese tipo de deseos no se cumplen, pero, que por probar no fuera. 
Empezasteis a partir la tarta y a comerla entre risas. Y cundo ya era suficientemente tarde, decidisteis iros a casa. Tus amigos fueron los que se propusieron a recoger todo e insistieron en que tú te fueras sin hacer nada ya que en tu cumpleaños tenías que ser una reina. Carlos, por el contrario, se propuso a acompañarte a casa, ya que al haberte llevado con los ojos tapados no sabías donde estabas. Pero Carlos, en vez de llevarte a casa, te llevó por otro camino. Él tenía otro regalo para ti. 
Cuando llevabais un buen trecho andado Carlos dijo:
 
— Siento haberte llevado por otro camino. Pero es que yo no te he dado mi regalo. Pero para mi regalo tengo que taparse los ojos otra vez. 
— Carlos no es necesario que me des ningún regalo. 
— Si que lo es porque eres muy importante para mí. 
 
 
Y tras decir esto. Te tapó los ojos otra vez. Volvió a cogerte como antes y te dirigió hasta el nuevo destino. Después de caminar un poco Carlos se paró y te quitó destapó los ojos. Al abrirlos no te podías creer lo que veías y te entró la risa.
Carlos te había llevado a los castillos inchables de los niños pequeños donde éstos jugaban con las bolas. 
 
— Te he traído aquí para que recuerdes tu pasado para que recuerdes cuando eras pequeña, cuando jugabas aquí. Recuerdo que una vez celebraste un cumpleaños aquí. Me encantó ese cumpleaños. Quería que te acordaras de esa época y que desde entonces hasta ahora has sido una persona muy importante para mí y quiero que eso nunca cambie. Y antes de que digas nada, mi regalo no se queda aquí. Vamos a entrar.
— ¡Loco que está cerrado! 
— Pues nos colamos. 
 
Tú cara era un cuadro, y Carlos, entre risas cogió tu mano y te llevó a la parte de detrás del edificio, decidido a que os colarais allí.
 
*FIN DE LA PARTE 1*