#ImaginaÁlvaro
Estabas de vacaciones, pero ni así conseguías que tu hermano te dejara en paz. Por su culpa habías discutido con tus padres. Te habías enfadado, saliste corriendo del hotel y te fuiste a la playa. Empezaste a caminar por la orilla mientras el agua rozaba tus pies. Tras mucho caminar llegaste hasta unas rocas que no te dejaban avanzar más. No sabías si darte la vuelta, la verdad es que todavía estabas enfadada. Así que escalaste las rocas y detrás de allí había una bonita cala. Estaba vacía, era toda para ti. Decidiste quedarte allí observando el mar. Tenías ganas de bañarte, así que te quitaste la ropa, te quedaste en biquini y te metiste en el mar.
— Vaya, vaya, vaya… Resulta que hoy tengo compañía — Oíste una voz detrás de ti.
Te giraste y viste a un chico con un traje de neopreno y una tabla de surf en la mano.
— Perdón, pero no sabía que esto era tuyo, no pone tu nombre — Le dijiste al desconocido.
— ¿Que no? — El chaval se puso con el pie a escribir en la arena. — ¿Y ahora? — Te dijo muy orgulloso.
— Vale, vale, ya salgo — Le miraste con mala cara y empezaste a salir del agua. Pasaste por su lado y él se te quedó mirando. Dirigiste tu mirada a la tabla de surf.
— ¿Surfeas? — Preguntaste emocionada.
— Pues claro, ¿qué te crees? — Te dijo chulo.
— Y ¿sería tan amable el señorito... — miraste donde había escrito su nombre — Álvaro, de enseñarme?
— Bueno, ya que conoces mi playa, vale, te enseño — Tú emocionada le abrazaste — ¿Y esta muestra de afecto? — Te pusiste roja y le soltaste. — Bueno, señorita primero practicaremos en la arena. Empezaremos con cómo ponerte de pie. Primero observame.
Estuvisteis un buen rato entretenidos en ello hasta que te sonaron las tripas.
— Oye, ¿qué hora es? — Le dijiste.
— Serán las dos o las tres, ¿por? — Te dijo él.
— Ostia, que mis padres estarán preocupados por mí, que me fui del hotel sin decir nada — Respondiste nerviosa.
— Tranquila, vete, seguimos mañana — Contestó él.
—¿Seguirás aquí mañana? — Dijiste emocionada
— Siempre estoy aquí — Te dijo guiñando un ojo.
— Entonces nos vemos mañana — Saltaste las rocas y corriendo volviste al hotel.
Allí tus padres te echaron la bronca del siglo, pero tampoco te importó tanto, sólo pensabas en ese surfista que habías conocido esa misma mañana. Tras una noche larga soñando con él, al día siguiente volviste a vuestra playa. Como el día anterior, llegaste antes que él y le esperaste dentro del agua. Al cabo de los minutos llegó él. Y así, dia tras día aprendiste a surfear.
Un día, volviste a la playa pero algo era distinto, Álvaro no estaba, te extrañaste de ello. Pensabas que le pasaba algo, pero tampoco querías ser melodramática. Y decidiste esperar al día siguiente por si volvía. Pero pasó una semana y él no aparecía. Al octavo día ya ni llevaste bañador. Simplemente te sentaste en la arena, sin quererlo acabaste llorando.
— Ey… No me llores — Dijo una voz que te era familiar mientras se sentaba al lado tuyo. Le miraste. — Siento no haber aparecido en toda esta semana ha habido un problema en casa y… — No le dejaste acabar. Le abrazaste.
— Pensaba que te había pasado algo, joder. ¿Por qué nunca me habías dado tu teléfono? — Acabaste llorando en su hombro.
— Nunca había salido la conversación... Pero no llores cielo, estoy aquí, eso vale ¿no? — Te dijo acariciandote el pelo.
— Ya pero… Creo que después de tanto tiempo juntos, te quiero... — Dijiste tímida. Él te levantó la cabeza, te secó las lágrimas y te miró a los ojos.
— Yo también te quiero mi princesa y prometo no volver a desaparecer sin decirte nada. Esta semana sin ti ha sido la más larga de mi vida. No quiero separarme de ti nunca más.
Te besó dulcemente y te volvió a abrazar.
FIN.
No hay comentarios:
Publicar un comentario